#COLUMNA Códigos de Guerra “Las narrativas invisibles detrás del poder político”

Published On: 19 de febrero de 2026Categories: Opinión, Tlaxcala, Veracruz

Por FERNANDO JIMÉNEZ

El Nodo silencioso Puebla–Tlaxcala: narrativa de oportunidad

En la lógica de la marca ciudad, la posición territorial solo adquiere valor cuando se traduce en relato estratégico. No basta con estar en el mapa: hay que significar algo en la mente de quienes invierten, transitan o deciden. Bajo esa premisa, Apizaco ocupa una posición que podría capitalizarse con mayor claridad dentro del corredor Puebla–Tlaxcala.

Hoy el gobierno de Tlaxcala impulsa el polo de desarrollo en Huamantla, orientado a complementar la atracción de industrias —particularmente del ecosistema automotriz y de relocalización—. Este movimiento reconfigura el tablero regional y abre una lectura más fina: mientras Huamantla compite en la lógica industrial, Apizaco queda parcialmente al margen de ese impulso productivo directo.

Ahí emerge su verdadera área de oportunidad.

Lejos de intentar replicar la vocación manufacturera, Apizaco puede construir una narrativa distinta y más estratégica: posicionarse como plataforma de servicios especializados, logística intermedia y nodo de articulación regional entre Puebla y el centro de Tlaxcala. Su conectividad ferroviaria, su ubicación en el corredor y su dinámica comercial ya contienen elementos de valor; lo que falta es ordenarlos en un código de ciudad coherente.

El nodo silencioso del corredor Puebla–Tlaxcala no es una metáfora gratuita. Describe una realidad actual. La fuerte relación económica complementaria que tiene con San Martín es una muestra clara de ello. Una función que aún no se comunica con suficiente intención. Mientras otras ciudades disputan reflectores industriales, Apizaco tiene margen para construir una identidad funcional importante y complementaria, menos espectacular pero potencialmente más sostenible.

La pregunta de fondo no es si la ciudad tiene atributos. Los tiene. El punto crítico es si esos atributos están siendo traducidos en una narrativa de posicionamiento que explote sus ventajas competitivas para atraer nuevas inversiones.

En entornos regionales cada vez más competitivos, las ciudades que logran diferenciarse no son necesariamente las más grandes ni las más industrializadas, sino las que entienden su papel en el ecosistema y lo comunican con estrategia y precisión.

Apizaco puede hacerlo. La pregunta no es si tiene con qué competir, -eso está fuera de duda- sino si sabrá construir su propia narrativa antes de que las circunstancias y las políticas estatales definan su lugar por él.

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