
#OPINIÓN Códigos de Guerra: Las Narrativas invisibles detrás del poder
Por FERNANDO JIMÉNEZ
El operativo contra el Mencho: la acción que desbordó la narrativa
En Tapalpa, Jalisco, durante las primeras horas del pasado fin de semana, fuerzas federales —con participación del Ejército y apoyo de inteligencia compartida con Estados Unidos— ejecutaron un operativo que culminó con el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes. El hecho escaló de inmediato a la agenda internacional por el perfil del objetivo y por la coordinación institucional que lo hizo posible. Sin embargo, en los primeros momentos predominó un elemento poco habitual en eventos de este calibre: un vacío de información clara y una ausencia de narrativa oficial estructurada.
Ese lapso inicial abrió la primera lectura pública: incertidumbre, versiones cruzadas y una conversación digital fragmentada que se movió más rápido que las confirmaciones institucionales. Solo conforme se consolidaron los datos emergió la narrativa del golpe histórico contra una de las estructuras criminales más relevantes del país. Desde esta óptica, el Estado mostró capacidad de despliegue, coordinación y alcance. El mensaje de fuerza existe y tiene sustento operativo, pero no logró monopolizar la conversación.
En paralelo apareció otra capa inevitable: el costo humano y la expansión de la violencia posterior. Bloqueos, víctimas y afectaciones territoriales alimentaron una percepción de inestabilidad que matizó el efecto simbólico del operativo. El éxito táctico comenzó a convivir con una sensación pública más compleja.
A ello se sumó la dimensión doctrinal. Durante los últimos años se había consolidado un marco discursivo centrado en la contención y la no confrontación abierta. Por ello, el operativo no necesariamente implicó un cambio formal de estrategia, pero sí hizo visible una tensión narrativa que la conversación pública detectó con rapidez.
Hubo, sin embargo, un espacio donde el episodio encontró continuidad discursiva: el plano bilateral. En el reciente “Estado de la Unión”, el presidente Donald Trump presentó el hecho como parte de sus resultados en la lucha contra el narcotráfico. Mientras en México el relato se acomodaba por capas, en el frente internacional fluyó con mayor linealidad lo que provoca suspicacias por la diferencias narrativas en los dos países.
Pero el símbolo de fondo va más lejos. Este episodio marca, con todas sus letras, un antes y un después respecto al ciclo narrativo de Andrés Manuel López Obrador. No por decreto ni por ruptura formal de política, sino por la señal de autoridad que proyecta. En términos simbólicos —que en política importan— la imagen de una mujer al frente del Estado ejecutando un golpe de esta magnitud comunica fuerza donde antes se leía contención. Y esa percepción, guste o no, ya está en circulación.
En medio del ruido y la reacción violenta que suele acompañar estos movimientos, puede abrirse una ventana de oportunidad. Si se administra con consistencia, la presidenta Claudia Sheinbaum puede consolidar una identidad propia de conducción del poder, sin necesidad de operar permanentemente bajo la sombra del paradigma anterior. Insistir en explicaciones defensivas del pasado podría restar claridad a un momento que empuja hacia adelante.
Lo que viene no está escrito. La nueva línea de firmeza estatal puede fortalecer la investidura presidencial si mantiene coherencia operativa y narrativa, pero el efecto no se agota ahí. Lo que sigue es también el inevitable reacomodo de las organizaciones criminales, un proceso que históricamente suele venir acompañado de tensiones y episodios de violencia. En ese escenario, será determinante observar la conducta del Ejército y de las fuerzas federales: si optan por dar continuidad a la inercia operativa que mostró el dispositivo en Jalisco o si, por el contrario, prevalece la inercia doctrinal del ciclo anterior. Lo deseable, en cualquier caso, es que la cooperación internacional —leída no como injerencia sino como condición estructural de la seguridad binacional— se traduzca en certidumbre y resultados sostenidos.
Tapalpa no fue solo un operativo. Fue la escena donde, al mismo tiempo que se desplegaban las fuerzas en tierra, empezaba a moverse el tablero invisible de las narrativas. Cuando El Mencho moría en el helicóptero, nacía la línea del reacomodo criminal. Lo que siga dependerá de cómo la presidenta y el Estado administren ese proceso que ya está en curso.
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